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sábado, 21 de febrero de 2015

Video: Conozca el helicóptero más pesado del mundo




Una unidad del mayor y más pesado helicóptero del mundo, el V-12, fue grabado desde el aire con un dron en el aeródromo de la localidad rusa de Monino, en el Museo Central de las Fuerzas Aéreas. En el vídeo que les presentamos pueden apreciarlo con todo detalle.




El helicóptero de fabricación soviética V-12 ('Gomer', en la clasificación de la OTAN) es la nave de este tipo más pesada jamás construida.

V-12 fue concebida en la Unión Soviética como un helicóptero de transporte que pudiera llevar hasta 30 toneladas de carga militar e incluso componentes de misiles balísticos intercontinentales.

En agosto de 1969 un V-12 batió el récord del modelo al alcanzar una altura de más de 2.000 metros con 40 toneladas a bordo.

El primer vuelo de prueba de este gigante tuvo lugar en 1967. La fabricación en serie se detuvo en 1974.




Fuente: http://poderiomilitarinternacional.blogspot.mx/

jueves, 24 de julio de 2014

¿Por qué ataca ahora la infantería de Israel?



Puede pensarse que lo más sencillo para el gobierno de Israel, es prolongar semanas y semanas el bombardeo de objetivos relacionados con Hamás, hasta considerar que ha quebrantado a esta organización, desarticulándola, destruyendo sus medios y dejándola inoperativa. ¿Para qué? Para que deje de lanzar cohetes contra las localidades israelíes a su alcance. Gastar munición -todo hace pensar que Israel tiene grandes cantidades y de muy variadas clases- es siempre preferible a que se pierdan vidas de soldados.

Pero ahora la infantería israelí está atacando. Netanyahu, su gobierno y las fuerzas armadas israelíes sabían desde el primer instante que, iniciado el ataque terrestre, empezarían a tener bajas mortales entre sus filas. Así está sucediendo, pues las últimas informaciones aluden a 25 militares israelíes muertos y más de 50 heridos,cifras que, sin duda, seguirán aumentando durante los próximos días en esa proporción, 1x2 o 1x3.

Pero, ¿por qué y para qué se ha de atacar así ahora? ¿Merecen la pena estas muertes y heridas? ¿Habría manera de evitarlas? ¿Se conseguirán mejor los objetivos?

La primera de las preguntas se responde considerando los objetivos que el alto mando israelí ha fijado. El ideal, lo máximo, es la destrucción de Hamás, hacer que desaparezca y, con ellos, los ataques con cohetes sobre las ciudades israelíes. Pero, como todo el mundo sabe, no se logrará nunca con los bombardeos desde la distancia. En todas las guerras sucede que, hasta que la infantería no derrota a la enemiga, los objetivos finales no se consiguen; esta es su función. Ejemplos significativos los tenemos en las últimas guerras: hasta que el 13 de diciembre de 2003 un fusilero no sacó a Sadam Husein del minúsculo agujero en el que se escondía, podrían haberse gastado toneladas de bombas y millones de dólares sin conseguirlo. Para capturar a Bin Laden tuvo que enviarse a un conjunto de tropas, de individuos, de soldados; no había otro modo de lograrlo, y lo consiguieron el 1 de mayo de 2011.

Así pues, señalados como objetivos la destrucción de túneles, talleres, almacenes, arsenales y polvorines de Hamás, y la captura o muerte de sus miembros, sólo podría tener Israel la certeza de haberlo logrado enviando a sus tropas de infantería, con el inconveniente de que, con toda seguridad, los combatientes de Hamás les saldrían al encuentro llegando al cuerpo a cuerpo.

La segunda pregunta sólo debería contestarla quien tiene la responsabilidad de garantizar la seguridad de Israel, el primer ministro Netanyahu, que es quien ha llevado a cabo la valoración última de este dilema y de quien, en definitiva, ha partido la orden de entrar en la Franja de Gaza y que sus soldados lleguen al combate cercano. Los familiares y amigos de quienes mueren o quedan heridos en los combates creerán, muy probablemente, que no merecía la pena, que podría haberse hecho otra cosa. Pero, en ocasiones, la realidad impone a los gobernantes la toma de decisiones que, pretendiendo un bien común, imponen dolorosos sacrificios.

Hasta ahora, los bombardeos israelíes se hacían desde la seguridad que proporciona la distancia: desde el aire –aviones, helicópteros y drones- y desde tierra y mar –artillería-. Pero ahora, con la infantería israelí metida en el territorio de Gaza, las cosas están cambiando pues ya no se combate ‘desde lejos’, sino que ha empezado la fase de combatir de cerca, ‘hombre a hombre’, podría decirse. Las tropas israelíes están dotadas de medios acorazados –los carros de combare Merkava, de producción nacional y los transportes blindados de tropas Achzarit, adaptaciones israelíes de los carros rusos T-54/55 capturados en 1967 a Egipto y Siria- que resisten los disparos de fusil, pero pueden quedar averiados e incluso inutilizados o destruidos por cohetes tipo RPG, de los que Hamás tiene cantidades importantes de producción propia. No obstante los disparos de cañón de losMerkava que acompañan a los fusileros israelíes y el poder desplazarse éstos en los fuertemente blindadosAchzarit, hay objetivos que sólo se conseguirán bajando a tierra los soldados y exponiéndose a los disparos de Hamás.

En cuanto a la protección individual, los soldados israelíes cuentan con cascos de fibra –de más de 1,6 kg y que cubren con una especie de boina amplia para disimular su forma esférica- y chalecos que protegen el torso, más el añadido de pesadas placas cerámicas. Ante el impacto directo de una bala de fusil, estas protecciones tienen un papel limitado pues no son capaces de detenerla consumiendo toda su energía cinética; por ello, el soldado recibe como mínimo un gran ‘puñetazo’ que le dejará fuera de combate un tiempo aunque no resulte herido, y más si así sucede. Si el impacto lo recibe en el casco, su cuello padecerá mucho por esa misma razón. El resto del cuerpo no tiene más protección salvo una muy limitada capacidad contra el fuego de las prendas como la camisola y el pantalón.

Así pues, en esta fase de los combates, resulta inevitable el combate cercano entre infantes israelíes y milicianos de Hamás, con su inevitable resultado de muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos. Losinfantes israelíes han de detectar los túneles -por los que Hamás se infiltra en Israel y se abastece desde Egipto- los talleres de fabricación y los escondrijos de los cohetes y otras armas y destruirlos con explosivos; además, si se puede, capturar milicianos. Los de Hamás, naturalmente, se opondrán a ello combatiendo a los israelíes en condiciones de bastante igualdad, a pesar de que éstos no tienen carros de combate ni blindados ni cascos y casi no se les ve con chalecos de protección.

En cualquier caso, a pesar de que los combates continúen durante mucho tiempo y la cifra de muertos y de heridos siga aumentando, ni unos ni otros lograrán su objetivo final, como son, para Hamás la destrucción de Israel, y para Israel la de Hamás. Israel prevalecerá en cualquier caso, a pesar de que Hamás se recupere y reanude los disparos de cohetes, los ataques y atentados, a los que Israel responderá de vez en cuando con reacciones como esta. Por su parte, Hamás acusará los daños de esta guerra y soportará el descrédito ante los mismos palestinos ajenos a su causa de ser el inicio de sus males, pero, con el tiempo, se recuperará aunque tanto más tarde cuanto más se empeñe Israel en ello.

Por ello y para ello Netanyahu ha enviado a la infantería, para que derrote a Hamás de la manera más duradera posible. Porque sabe que, aunque dejara la Franja de Gaza arrasada a base sólo de bombardeos, no lo conseguiría.

miércoles, 23 de julio de 2014

Evolución histórica de la guerra de maniobra.

En contra de lo que se pensaba antes de 1914, los demoledores efectos del fuego de artillería (más del 60% del total de bajas en la Primera Guerra Mundial lo fueron por fuego de artillería) y de ametralladora provocaron la parálisis de la maniobra, quedando la infantería “enterrada” en líneas de fortificaciones de campaña que cubrían todo el frente.

Por otra parte el enorme tamaño de los ejércitos – consecuencia del incremento demográfico y de las posibilidades de producción de armamento y equipo gracias a la revolución industrial – trajo como consecuencia la extensión de la línea de contacto entre los oponentes (la “carrera hacia el mar” de 1914): nacen los “frentes”. Así, el frente occidental se configura como una línea continua de fortificaciones guarnecidas que se extiende desde la frontera suiza hasta las costas del canal de la Mancha.

Los intentos realizados para resucitar la maniobra pasan, paradójicamente, por el incremento del fuego: para conseguir romper el fortificado frente enemigo, se organizan grandes concentraciones artilleras (con miles de piezas), que baten ininterrumpidamente durante días la parte elegida del frente para efectuar la ruptura, incluyendo un muy importante esfuerzo de contrabatería. Una vez se considera que el frente enemigo está suficientemente debilitado, la infantería sale de las trincheras propias e inicia el asalto. Idealmente, ocupadas las fortificaciones enemigas, la artillería cambia de posición hacia vanguardia para continuar apoyando el avance de la infantería.

Sin embargo, esta táctica no obtiene buenos resultados. La preparación artillera proporciona al enemigo información precisa del lugar elegido para romper el frente y su larga duración le da tiempo para desplazar reservas a la zona. Una vez terminada la preparación, la infantería asaltante debe atravesar una “tierra de nadie” convertida en un laberinto de cráteres embarrados, donde el avance es lento y donde no era infrecuente extraviarse o errar la dirección. Y, tras alcanzar las trincheras enemigas, la infantería -si conseguía ocupar las obras defensivas enemigas- debía detenerse a esperar el cambio de posición de su artillería para permitirle continuar su avance.

En ese momento, el enemigo contraatacaba con las reservas que había llevado a la zona durante la preparación artillera. Puesto que la artillería atacante estaba ya demasiado alejada para prestar apoyo eficaz o estaba ya cambiando de posición hacia vanguardia, la infantería asaltante debía hacer frente al contraataque en condiciones de gran inferioridad de fuegos. La consecuencia era que, o bien el ataque fracasaba, o bien la ofensiva se estancaba tras avanzar escasos miles de metros…

Para protegerse, la infantería fue perfeccionando las obras de fortificación, lo que, a su vez, incrementó las necesidades de fuegos para los asaltos. De la misma manera, la obtención de la superioridad de fuegos era condición sine qua non para la ofensiva, de forma que también crecieron las demandas de unidades artilleras para labores de contrabatería… Como resultado, se produjo una espiral de crecimiento en las dotaciones artilleras de los contendientes. Como ejemplo, en 1917 la Royal Field Artillery empleaba más personal que laRoyal Navy, a la sazón la mayor armada del mundo…


El coste humano de estas tácticas era brutal. Durante la batalla del saliente de Yprès en 1917, el Ejército británico sufrió 540.000 bajas en tres meses de combates; la “esperanza de vida” del jefe de sección de infantería británica en esa batalla era de 15 días en el frente… Este número de bajas hacía que las divisiones de infantería se consumieran rápidamente. En una operación ofensiva, la zona de operaciones de una división de infantería se reducía a 2.000 ó 3.000 metros de frente por 4.000 ó 5.000 de profundidad. Normalmente, las divisiones que tomaban parte en estos asaltos quedaban prácticamente destruidas tras ellos.

Este tipo de procedimientos obligaba a centralizar al máximo la artillería, con el fin de obtener su máximo rendimiento. La coordinación de estas enormes masas artilleras obligó a crear órganos específicos para ello, muy voluminosos, que se añadieron a los estados mayores.

De la misma manera, las necesidades logísticas en munición de esas masas artilleras excedían con mucho los requisitos logísticos de cualquier otra índole. Esto obligó a potenciar los órganos administrativos encargados de la logística, y a crear órganos específicos dedicados al suministro y almacenamiento de munición de artillería. Poco a poco, la logística en su conjunto se fue confiando a personal artillero, como consecuencia de la preponderancia (en peso y volumen) de la munición de artillería sobre cualquier otro recurso logístico. En efecto, los procedimientos de combate descritos requerían un enorme consumo de munición de artillería: miles de piezas disparando ininterrumpidamente durante días obligaban a abastecer con miles de toneladas de munición a esas piezas. Algunos ejemplos: en las primeras cinco horas de la ofensiva alemana Kaiserschlacht, al final del conflicto, diez mil cañones alemanes dispararon 1.160.000 disparos. Y en la batalla de San Quintín (21 de Marzo de 1918), los alemanes disponían de 6.608 cañones (2.598 de ellos obuses pesados), que dispararon 3.2 millones de disparos sólo el primer día de la ofensiva. El movimiento de esta cantidad de munición habría requerido más de 50.000 camiones de los empleados en 1940. La densidad de piezas en algunas de estas batallas alcanzó las 100 por kilómetro de frente.

Como consecuencia, los ejércitos se hicieron enormemente dependientes de la existencia de líneas de comunicación capaces de mantener la corriente logística que demandaba la artillería. Esto limitaba mucho las operaciones posibles, que al final se planeaban sobre la base de la existencia y el recorrido de estas vías. Y otra consecuencia adicional de estos procedimientos de combate fue el crecimiento de los estados mayores, como consecuencia de la aparición de los citados órganos de coordinación de fuegos y de control del flujo logístico.

Además de estos dos factores, lo rudimentario de los medios de transmisiones obligaba a que la infantería se coordinase con la artillería de apoyo empleando medidas de coordinación preestablecidas (horarios, alcanzar líneas o puntos relevantes del terreno…). Era preciso un planeamiento muy detallado de cada operación, lo que a su vez también obligaba a potenciar en este sentido a los órganos de planeamiento de los estados mayores. Un efecto añadido de este planeamiento detallado fue la eliminación de la iniciativa de los mandos subordinados: cualquier desviación del plan podía implicar el colapso de toda la operación, por lo que la iniciativa se consideraba contraproducente.

Sólo en los años finales de la Gran Guerra se empezaron a atisbar soluciones que permitieran romper esta situación de crecientes masas artilleras y parálisis de la maniobra. Con este fin se intentaron soluciones tecnológicas (como la introducción del carro de combate) y soluciones tácticas. La ofensiva alemana Kaiserschlacht de la primavera de 1918 es uno de los pocos intentos con cierto éxito de cambiar esta situación mediante la modificación de las tácticas de la época. Los alemanes

Los norteamericanos llegaron a Europa en 1917 sin ninguna experiencia en guerra moderna y, por ello, copiaron literalmente al “ejército líder” de los aliados: el ejército francés. Se imitó la doctrina, los materiales, la estructura de los estados mayores, la logística…identificaron correctamente que la principal razón de la pérdida de la maniobra se encontraba en la necesidad de esperar a que la artillería cambiase de posición para continuar el avance tras romper la línea enemiga. La solución de la Kaiserschlacht fue su intento de proseguir el avance sin apoyo artillero, empleando la sorpresa y a unidades especiales de infantería (las Stosstruppen) para penetrar en el despliegue enemigo, intentando colapsar su dispositivo defensivo antes de la entrada en combate de sus reservas. Sin embargo, el resultado no fue el esperado: pese a conseguir avances mucho más profundos que los realizados desde 1914, las pérdidas en estas unidades de infantería escogidas fueron tan grandes que, en la práctica, acabaron con la capacidad ofensiva del Ejército alemán. Pese a ese resultado, el diagnóstico alemán era correcto: era necesario evitar la dependencia del apoyo de artillería si se quería recobrar la maniobra.

El periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial

Tras la Primera Guerra Mundial, entre los aliados se era consciente de que la victoria se había obtenido gracias al mayor potencial industrial, económico y humano de los vencedores con respecto a los vencidos, y se consideraba que los procedimientos tácticos empleados eran la mejor forma de trasladar al campo de batalla este poderío económico. Como consecuencia, los desarrollos doctrinales de posguerra fueron encaminados a perfeccionar un sistema que consideraban esencialmente correcto.

El Estado Mayor francés diseñó el ejército, en palabras de Liddell Hart (1965: 273)– “como una lenta apisonadora de fuego que debería hacer retroceder gradualmente, como en 1918, a un ejército similar”, en una doctrina que denominaron bataille conduite, traducida por los norteamericanos como methodical battle. La aversión social a la guerra, consecuencia del enorme número de bajas de la Gran Guerra, hizo cambiar ligeramente esta percepción, en el sentido de renunciar a la ofensiva, y prepararse para resistir a la “apisonadora” alemana, empleando esencialmente los mismos procedimientos que en 1918. El resultado más evidente de esta tendencia fue la construcción de la “Línea Maginot”, una posición fortificada del estilo de las que se construyeron en la Primera Guerra Mundial, pero diseñada desde tiempo de paz y construida con hormigón, en lugar de con sacos terreros.


Una excepción a esta tendencia francesa y norteamericana fue el ejército británico. Éste había entrado en combate en el teatro europeo sin una doctrina unificada y con procedimientos absolutamente inadecuados para el teatro de operaciones (el ejército británico llevaba casi un siglo dedicado esencialmente a labores de “policía colonial”, y cada regimiento estaba especializado en la forma de realizar estas tareas en su “rincón” del imperio). Las espectaculares bajas sufridas llevaron a un importante grupo de los oficiales que las sufrieron (encabezados por Liddell-Hart) a rechazar que esas carnicerías pudieran ser aceptadas sin más como la forma correcta de conducir la guerra. Sin embargo, las luchas internas dentro de las fuerzas armadas británicas llevaron a que los defensores del carro se polarizasen (defendiendo que el carro de combate, en solitario, era capaz de alcanzar la victoria), mientras que no se hizo ningún intento de implicar a la RAF en este desarrollo doctrinal. En sentido contrario, los enemigos de esta doctrina pusieron todos los inconvenientes posibles para su aplicación. Así, el ejército británico (el único completamente motorizado en 1939) no supo aplicar una doctrina coherente de guerra móvil al iniciarse la Segunda Guerra Mundial.

Por parte alemana, el análisis fue mucho más profundo. Sobre la base de los estudios realizados previamente a la Kaiserschlacht, el reducido Estado Mayor General alemán del periodo de entreguerras continuó analizando las lecciones aprendidas de los combates del frente del Este, donde los ejércitos alemanes habían luchado en inferioridad numérica frente a los rusos, pero habían conseguido victorias decisivas.

Estos estudios se enfocaron a reducir la dependencia de las armas de maniobra con respecto al fuego de artillería. La menor dependencia debería traducirse en una mayor capacidad de penetración en los despliegues enemigos y una mayor autonomía con respecto a las líneas de comunicación (consiguiendo una mayor libertad en el diseño de las operaciones), logrando resultados decisivos y reduciendo el número de bajas. Las lecciones aprendidas de laKaiserschlacht de 1917 se aplicaron también a la doctrina y a los desarrollos tecnológicos:
Era necesario dar iniciativa a los subordinados hasta el nivel más bajo, para permitir la velocidad de reacción necesaria para explotar las brechas antes de la llegada de las reservas enemigas las unidades que explotasen la brecha necesitaban una movilidad y una velocidad mucho mayores que las que tenía la Infantería a pie
Era necesario que estas unidades pudiesen trasladar la información obtenida, sus intenciones y movimientos a los escalones superiores, sin esperar a los lentos y vulnerables tendidos de cable telefónico…

Pero, sobre todo, era necesario obtener apoyos de fuegos más ágiles que los que podía proporcionar la artillería.

El problema del apoyo de fuegos era el elemento clave que condicionaba todo el problema táctico, tanto en el sistema aliado como en la alternativa que buscaba afanosamente el Estado Mayor General alemán… Finalmente, los alemanes consideraron que la aviación sería el elemento capaz de proporcionar apoyo de fuego a las unidades de maniobra terrestres, sin obligarlas a arrastrar con ellas los miles de piezas de artillería típicos de la Primera Guerra Mundial, ni esclavizarlas a la existencia de líneas de comunicación de buena calidad y cuyo control era absolutamente necesario para el combate.

Es interesante destacar que, según el Tratado de Versalles, Alemania no podía tener aviación. Este hecho tuvo una consecuencia inesperada: el desarrollo de la aviación alemana se hizo secretamente, y se impulsó desde el Estado Mayor General del ejército de tierra alemán, en el marco de la solución del problema táctico “terrestre”. Por este motivo, desde su nacimiento, laLuftwaffe se diseñó como un elemento de apoyo de fuegos para el ejército de tierra. Esta circunstancia mantuvo a Alemania ajena al debate doctrinal del periodo de entreguerras acerca del “poder aéreo estratégico”, por lo que la prioridad de la Luftwaffe siempre fue proporcionar el apoyo aéreo próximo al ejército. Como consecuencia, la integración entre la aviación y el ejército en Alemania era, en 1939, inmensamente superior a la existente en cualquiera de sus rivales (la otra cara de la moneda era que la Luftwaffe carecía de los medios necesarios para ejecutar acciones de alcance estratégico, como se puso de manifiesto a lo largo del conflicto, ya desde la “Batalla de Inglaterra” en 1940). Las dificultades técnicas de la cooperación aire-tierra (problemas de enlace y de identificación de tropas propias desde el aire) se solucionaron con “reparto de papeles”: fuera de los puntos críticos (donde el apoyo de aviación era muy cercano y coordinado mediante destacamentos de enlace aéreos, pero sólo suponía un 16% del esfuerzo aéreo aplicado en Francia en 1940), la Luftwaffe tenía como misión proteger los flancos de las profundas penetraciones acorazadas, atacando la retaguardia de las fuerzas enemigas que amenazasen los flancos (Van Creveld, Canby & Brower, 1994: 34-39).

La falta de movilidad y velocidad de la infantería a pie para explotar las penetraciones en el despliegue enemigo se solucionó mediante el desarrollo de carros de combate adaptados a estas necesidades, y su agrupación en unidades destinadas a realizar este tipo de penetraciones: las divisiones acorazadas. Sin embargo, los ejercicios del periodo de entreguerras pusieron de manifiesto las principales limitaciones de las unidades constituidas únicamente por carros de combate: su escasa capacidad de ocupación de terreno y sus problemas para combatir en terrenos difíciles o bien fortificados. Como consecuencia, y para compensar estas deficiencias, los alemanes crearon unidades de infantería montadas sobre vehículos, con movilidad y velocidad suficientes para seguir a las unidades acorazadas y proporcionarles las capacidades de combate que les faltaban.

Para “unir” las piezas del puzzle, el ejército alemán desarrolló y e hizo un uso intensivo de las comunicaciones radio. La radio, inventada a principios de siglo, permite a los carros comunicarse entre ellos y operar como unidad, enlazar con la aviación para coordinar el apoyo aéreo e informar a los escalones superiores de los movimientos, hallazgos y necesidades de las unidades de forma muy rápida. Estas características permiten también modificar la doctrina aplicable, escapando de la “esclavitud” de las unidades de maniobra con respecto a los rígidos planes de fuegos de la artillería. La radio “flexibiliza” la maniobra y permite dar iniciativa al subordinado. No es sorprendente que uno de los más destacados jefes de unidades acorazadas alemanas, el General Guderian, fuese un Oficial de Transmisiones… Una consecuencia adicional de estos desarrollos es que la artillería pasa a ser un arma relativamente marginada dentro del ejército alemán, pese a experimentar un importante desarrollo técnico. El ejército alemán crea también la artillería autopropulsada para proporcionar apoyo de fuego inmediato (pero limitado) a las unidades acorazadas, hasta la intervención de la aviación.


La idea básica alemana era reducir la dependencia logística de sus divisiones acorazadas, de forma que pudiesen operar muy profundamente en la retaguardia enemiga, sin depender de la existencia de vías de comunicación, y compensando mediante movilidad y fuego aéreo la falta de artillería de campaña. Las memorias de Von Manstein (“Victorias perdidas”) citan constantemente la necesidad de “libertad operacional” para las divisiones acorazadas y mecanizadas. Una consecuencia adicional es que el terreno, en este tipo de doctrinas, tiene un valor relativo: es mucho más importante conservar la “libertad operacional” que verse fijado al terreno frente a un enemigo que superaba numéricamente a la Wehrmacht en todo tipo de medios humanos y materiales.

De esta consideración nacen conceptos como la “defensa móvil” (segunda batalla de Jarkov), donde los alemanes dejan avanzar a las formaciones de primera línea enemigas, concentrado sus medios aéreos sobre las formaciones de segunda línea y sobre la logística, y destruyendo a las unidades soviéticas que habían penetrado el frente alemán cuando no podían esperar refuerzos y su logística estaba agotada: un excelente precedente de lo que décadas después sería el Follow-On Forces Attack de la OTAN…

Sin embargo, cuando los alemanes pierden la superioridad aérea, esta doctrina es inaplicable. En tal caso, los alemanes combaten en inferioridad de fuegos, y, sin apoyo aéreo, carecen de potencia de fuego en caso de encontrar una resistencia decidida (Bastogne, 1944, por ejemplo).

Por su parte, los aliados reeditan la Primera Guerra Mundial, pero sobre vehículos, en lugar de a pié: la artillería sigue siendo el arma fundamental del combate (según Patton: “es inútil preguntar quién ganó la guerra: lo hizo la artillería”), y la victoria por desgaste la estrategia a seguir.

Una excepción fue la Unión Soviética, cuyo ejército realizó una guerra móvil en la que compensaba su carencia de apoyo aéreo con el empleo masivo de medios acorazados y artilleros: donde los alemanes “buscan” un punto débil en el despliegue enemigo para efectuar la ruptura, los soviéticos “crean” ese punto débil empleando masas artilleras (tipo Primera Guerra Mundial), pero penetran en la retaguardia enemiga con formaciones acorazadas masivas, sin contar con apoyo aéreo o artillero. De la misma forma, los soviéticos hacen avanzar a sus formaciones sin relevarlas hasta que se agotan o son destruidas, dependiendo la profundidad del avance de la disponibilidad de formaciones en segunda línea, que son las que avanzan por las brechas abiertas por las grandes unidades de primera línea… Si estas formaciones de segunda línea son destruidas, no hay avance en la retaguardia enemiga. De ahí la importancia que los alemanes (y luego la OTAN) concederán a la destrucción de dichas unidades de segunda línea.

La guerra de maniobra en el conflicto árabe-israelí

Israel se enfrentó a una situación parecida a la de la Alemania de entreguerras al estar rodeado por estados con gran superioridad numérica en medios materiales. Su respuesta fue similar a la alemana: sobre la base de la blitzkrieg, las Fuerzas de Defensa de Israel desarrollaron una doctrina de guerra móvil, basada, como la alemana, en el empleo de medios acorazados y apoyo aéreo mejor que artillero (la Heyl’a Avir es, de hecho, un arma perteneciente al ejército de tierra). La resonante victoria de 1967 fue una prueba de la bondad de esta doctrina, que, sin embargo, resultó víctima de su propio éxito: como los británicos en el periodo de entreguerras, los israelíes llegan a pensar que el binomio carros-aviación sería suficiente para alcanzar la victoria. En consecuencia, dejaron de lado los esfuerzos de cooperación interarmas, y sufrieron un duro correctivo en la Guerra del Yom Kippur de 1973.

La AirLand Battle

En 1975, tras la profesionalización de su ejército, Estados Unidos se enfrenta a una situación única: por primera vez en su historia, carece de superioridad material y numérica para vencer a un enemigo. En consecuencia, el TRADOC empieza a buscar otras soluciones. La primera es la experiencia israelí, a la que llegan cuando los propios israelíes “se lamen las heridas” del Yom Kippur… Como consecuencias de los errores percibidos en la actuación del Tsahal, el siguiente paso es “recurrir a la fuente original”: el TRADOC contrata como “asesores” a destacados generales alemanes retirados, como Balck o Von Mellenthin…

Sin embargo, la escasa importancia que los alemanes dan al terreno y la libertad que conceden a las formaciones subordinadas ‘chocaron’ con la tradición militar norteamericana, heredera directa de la doctrina francesa de la Primera Guerra Mundial. De ahí que los defensores de la AirLand Battle necesitasen ‘convencer’ a los mandos del US Army (lo que explica los briefings “abiertos”), y, por otro lado, que esa doctrina fuese una versión ‘descafeinada’ de la blitzkrieg alemana… Y que nunca se haya aplicado completamente. En realidad, en Irak en 1991, el U.S. Army hizo ‘lo de siempre’: vencer mediante el fuego, pese al timidísimo envolvimiento del VII Cuerpo sobre el flanco derecho iraquí. Sólo en Irak en 2003 (y por imposición directa y forzada del Secretario de Defensa Donald P. Rumsfeld) el U.S. Army realizó una operación de guerra móvil ‘de verdad’.

Este es otro punto interesante: pese a lo que se escriba en la doctrina, en combate los ejércitos tienden a repetir los procedimientos que salieron bien en el pasado. Así lo hicieron los británicos en 1939 y también los norteamericanos en 1991.

La AirLand Battle coincidió con la blitzkrieg en la necesidad que el ejército de tierra tiene del apoyo aéreo. Sin embargo, esto coloca a la fuerza aérea en una posición ‘subordinada’ al ejército de tierra. En la Alemania de entreguerras o en Israel, esto no supuso un problema, pues las respectivas fuerzas aéreas ‘nacieron’ con ese papel. En la USAF de hoy día la situación es diferente: es una Fuerza Aérea cuya raison d’êtrees el ‘poder aéreo estratégico, y considera el apoyo a tierra como ‘la forma menos eficiente de uso del poder aéreo’.

Sin embargo, en los años del AirLand Battle la USAF se encontraba en una situación única en su historia: mientras que en 1960, los pilotos de bombarderos ocupaban el 77 % de los puestos de generales de la USAF y los pilotos de caza sólo alcanzaban el 11 %, en 1980 estos porcentajes habían pasado a ser del 18 % y del 53 % respectivamente. Este cambio se debía al papel mucho más destacado de los pilotos de caza en Vietnam, que actuaron primordialmente en apoyo del U.S. Army. En consecuencia, el generalato de la USAF no se opuso a ese papel de apoyo al ejército de tierra. Sin embargo, en la actualidad la situación es distinta, como prueba la decisión de retirar anticipadamente de servicio al Fairchild A-10 Thunderbolt II, el único avión específico de apoyo a tierra en el inventario de la USAF.


Este analisis fue echo por Carlos Javier Frías *Carlos Javier Frías es Teniente Coronel de Artillería, Diplomado en Estado Mayor y Máster en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional por la Universidad de Granada.

viernes, 18 de julio de 2014

Una discusión que dura siglos: ¿ayuda la guerra al desarrollo económico?



¿Es buena la guerra para el crecimiento económico? Esta vez en este debate que dura siglos se han enfrentado expertos del periódico estadounidense 'The New York Times' y del británico 'The Week'. El debate sobre la importancia que tienen las guerras para el desarrollo económico ha provocado airadas disputas de varias generaciones de economistas e historiadores, y, dado el deterioro general de la situación mundial, la discusión ha vuelto a las páginas de los medios más importantes del mundo. Esta vez lo debaten expertos de 'The New York Times' y de 'The Week'. 

Guerra: ¿el 'gatillo' del progreso? 

El diario 'The New York Times' publicó recientemente un artículo del profesor Tyler Cowen, quien sostiene que la ausencia de grandes conflictos internacionales entorpece el crecimiento económico, mientras que la anticipación de la guerra, en cambio, es capaz de acelerarlo. Según Cowen, el actual crecimiento a paso de tortuga del PIB mundial se explica precisamente por la estabilidad, mientras que las tensiones regionales no permiten crear suficiente marco 'psicológico' para acelerar la recuperación económica después de la crisis. He aquí lo que escribe: "En el mundo ha habido pocas guerras últimamente, por lo menos guerras de carácter histórico. 

Algunos de los recientes titulares nos hablan sobre Irak o Sudán del Sur, haciéndonos pensar que nuestro mundo es un lugar muy sangriento, pero las bajas de hoy palidecen a la luz de las decenas de millones de personas que murieron en las dos guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX. Incluso la Guerra de Vietnam tuvo muchas más muertes que cualquier guerra de hoy en las que están involucrados países ricos. Puede ser que suene ilógico, pero una mayor tranquilidad del mundo puede hacer que el logro de mayores tasas de crecimiento económico se haga menos importante, y, por lo tanto, menos probable". Y lo demuestra con hechos históricos... "Puede parecer repugnante encontrar un aspecto positivo a la guerra en este sentido, pero un vistazo a la historia de EE.UU. enseña que no podemos descartar la idea tan fácilmente. Innovaciones fundamentales como la energía nuclear, la computadora y el avión moderno fueron impulsadas por el Gobierno estadounidense, ansioso de derrotar a las potencias del Eje [nazi] o, más tarde, para ganar la Guerra Fría. 

Internet fue inicialmente diseñada para ayudar a nuestro país a soportar un intercambio de ataques nucleares, y Silicon Valley tuvo sus orígenes en contratos militares y no en las actuales empresas emergentes de medios sociales. El lanzamiento soviético del Sputnik estimuló el interés de EE.UU. por la ciencia y la tecnología en beneficio del crecimiento económico posterior". Parafraseando la idea, resulta que ni siquiera los conflictos militares son importantes en este sentido, sino una sensación de inestabilidad y miedo al futuro. De hecho, este miedo de perder todo lo ahorrado hace que la gente gaste lo más rápidamente posible, y con el tiempo este fervor consumista desemboca en la actividad empresarial, y, posteriormente, en crecimiento económico. A continuación, para apoyar su idea, el articulista de 'The New York Times' presenta un gráfico que muestra una disminución en el número de muertes en los conflictos armados en el siglo XX. 



El número de personas muertas en guerras se ha reducido drásticamente desde el siglo XX. Muertes relacionadas con combates por cada 100.000 personas * 


El mejor período para la economía es el período sin guerras Sin embargo, John Aziz, el oponente de Tyler y colaborador en temas de negocios y economía del semanal británico 'The Week', cree que este grafico solo refuta la idea de que la reducción del número de guerras ha comportado un crecimiento económico más lento. 

Si nos fijamos en los datos históricos sobre el crecimiento de la actividad económica y el crecimiento del PIB, se observa que las cifras más fuertes se muestran solo después de 1950, es decir, a partir del momento en que se registra menor número de muertes en guerras. Por supuesto, en este contexto no debe pasarse por alto el incremento de la productividad laboral, el aumento del número de habitantes del planeta y una serie de factores que hicieron posible el incremento económico; pero las guerras, afirma Aziz, seguramente no impulsan el desarrollo de la economía. En este gráfico queda claro que el crecimiento del PIB y la rentabilidad de la inversión aumentaron considerablemente a partir de los años 50 del siglo pasado. De acuerdo con la lógica del profesor Cowen, sostiene John Aziz, "una revolución en el Imperio ruso que se estima que segó las vidas de 9 millones de personas, dos guerras mundiales en las que murieron 81 millones de personas, y la guerra civil de México, que mató a otros dos millones de personas, son los puntos clave del crecimiento de la economía en los últimos años de la historia. 

Pero no es así: el período de 1950-2012 es considerado el más exitoso para el crecimiento del PIB mundial". "Eso no quiere decir que la lógica de Cowen sobre la guerra como factor de estímulo sea errónea. Apuesto a que si la horda de mongoles de Gengis Kan está a punto de llegar a su pueblo para saquearlo ustedes comenzarían de forma bastante urgente a forjar armas y erigir defensas. ¡Ese es el crecimiento económico!", exclama Aziz. Al comentar los inventos de la humanidad durante la Guerra Fría el periodista sostiene que la idea principal de toda esta historia es que se logró evitar que estallara una guerra contra la Unión Soviética estallara. En otras palabras, si un conflicto se está gestando, la economía sigue creciendo a ritmo muy acelerado ante tal amenaza, pero si esta amenaza desaparece, ello permite ahorrar millones de dólares y millones de vidas humanas, y, junto con ello, un porcentaje del PIB.

Fuente: http://poderiomilitar-jesus.blogspot.mx/

miércoles, 11 de junio de 2014

Armas teledirigidas de la URSS en la Segunda Guerra Mundial.

El teletanque

Los teletanques soviéticos tuvieron su bautizo de fuego en la Guerra de Invierno, el conflicto armado entre Finlandia y la URSS en los años 1939 y 1940. Eran controlados por radio desde tanques de control situados a una distancia de entre 500 y 1.500 metros. El desarrollo de esta arma había sido comenzado en el Laboratorio Central de Telecomunicaciones ya en 1929, cuando se realizaron una serie de experimentos con un tanque francés Renault.



En 1933, la Oficina Técnica Especial para Inventos Militares de Propósito Especial (Ostekhbyuro), bajo el mando de Fiódor Shchukin, realizó experimentos con el tanque especial TT-18. El invento podía cambiar de dirección y velocidad, detenerse y apagar el motor para hacer estallar la carga explosiva que llevaba. Durante las pruebas demostró tener buena maniobrabilidad y ser fácil de teledirigir. Sin embargo, sus cadenas estrechas no le permitían funcionar en todo tipo de terrenos. Finalmente se creó un grupo de teletanques, de los que fueron producidos solo 55 ejemplares entre 1935 y 1936. Se abandonó el TT.18 y se eligió el TT-26, por sus mayores prestaciones. Su armamento consistía en un lanzallamas y en ametralladoras. También podía usar bombas de entre 200 y 700 kg que eran lanzadas desde el tanque para atacar fortificaciones. Durante los años 1938-1939, tras la reorganización del Ostekhbyuro y la creación del NKOP (Instituto de Investigación del Comisariado Popular del Ministerio de Industria de la URSS), se pensó que el teletanque podía ayudar en la localización y reconocimiento de campos de minas, ruptura de barreras de alambre de acero, creación de cortinas de humo, etc. 


La línea radiotelemecánica fue mejorada y protegida contra el ruido o posibles interferencias enemigas en un radio de 4000 metros. El peso de todo el sistema de control se rebajó hasta no superar los 147 kilos. Se llegó a crear un mecanismo de autodestrucción. A pesar de todas estas mejoras, se demostró que, un sistema de tiro de precisión, todo el sistema no tenía demasiado valor estratégico. No obstante, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Rojo contaba con dos batallones de teletanques. El batallón 152 de Rovno perdió a todo su personal y material en los combates en Ucrania occidental. Los carros teledirigidos del 217BCI. que cambió el nombre por el 51BCI, fueron evacuados y solo combatieron sus carros de mando tripulados. En febrero del 1942 se usaron seis tanquetas no tripuladas en Sebastopol. Las enviaron, cargadas de explosivos, a las posiciones alemanas, dos de ellas llegaron a explotar en su destino y las cuatro restantes fueron destruidas antes de acercarse lo suficiente para ocasionar daños al enemigo. 



El submarino telemecánico


Entre 1934 y 1935, también la Ostekhbyuro, creó el proyecto de Embarcación Especial Submarina Autónoma, dirigido por V.I Bekauri. Se trataba de un minisubmarino (comúnmente llamados “submarinos enanos”) armado con torpedos y una carga explosiva a bordo. El control del buque se podía a realizar con radio (desde un avión o desde otra embarcación), mecánico (con un sistema de navegación automático) o, de ser necesario, manualmente por un solo tripulante.



Entre los planes para el bautizado como “Pigmeo”, se barajó la posibilidad de anclarlo al vientre del gigantesco “barco volador” Tupolev Ant-22 para usarlo en operaciones especiales cuando al transporte, fluvial o marítimo, hacia el objetivo fuese inviable. El prototipo del submarino fue enviado en 1936 al Mar Negro para su evaluación, pero el hallazgo de puntos débiles en su diseño, así como las purgas de los años 37 y 38, paralizaron su desarrollo. En junio de 1942 el ingenio fue capturado en Crimea por el Ejército alemán, desapareciendo para siempre, aunque parece ser que los nazis lo hundieron al retirarse de la península, en la primavera de 1944, al sur de Alupka.



El teleavión

Poco después de la agresión nazi contra la Unión Soviética, se realizaron experimentos de radio control con un Tupolev TB3. La nación había sufrido grandes pérdidas entre las tripulaciones de la Fuerza Aérea roja, por lo que era prioritario devolver golpes al enemigo procurando proteger los escasos recursos humanos disponibles. 


El TB3 era un avión obsoleto, pero la URSS disponía de muchos ejemplares del aparato que podía usarse como una especie de bomba volante no tripulada. De hecho, pilotos de carne y hueso hacían despegar el avión y, tras conectar el sistema de radio control, saltaba en paracaídas. El primer intento fracasó, estrellándose el avión, pero los siguientes vuelos resultaron exitosos. La casi improvisada “bomba volante teledirigida”, que podía cargar 3.500 kilos de explosivo, fue usada en repetidas ocasiones, pero solo se conoce de una misión exitosa, el 15 de octubre de 1942. Era mucho más común que, al cortarse por cualquier razón la conexión por radio, el aparato se perdiese de forma estéril.

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martes, 22 de abril de 2014

La aventura de los guerreros brasileños en la Segunda Guerra Mundial.


Ya pasaron 70 años, pero el brasileño Julio do Valle no consigue olvidar el rostro de Dios. “Él nos pidió que entrásemos en una casa, porque era muy peligroso.” La alerta salvó la vida de Julio y de tres soldados más de la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB) en Montese, en el norte de Italia: la calzada que los oficiales ocupaban fue destruida por una bomba minutos después. “Él hablaba nuestro portugués y nunca lo habíamos visto. Cuando salimos de la residencia solo había mucho polvo y el olor fuerte de la pólvora. La explosión fue justo donde Do Valle estaba. Nosotros no lo vimos llegar ni salir. Llegamos a la conclusión de que era Dios”, cuenta Do Valle, con los ojos húmedos. El exsoldado, de 93 años, fue uno de los 25.000 pracinhas brasileños que formaron en Italia el único frente de Sudamérica en los campos de batalla de Europa durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).


Pracinha, un diminutivo de plaza, o soldado raso, fue el término cariñoso adoptado por la prensa y la población de la época para referirse a los hombres que embarcaron rumbo a lo desconocido en el gran desafio de la FEB. Julio recibió a el EL PAÍS en la sede de la asociación de los excombatientes en São Paulo, que realiza sus reuniones de dirección los miércoles y suele ser visitada por algunos de los pocos combatientes aún vivos. Brasil entró en el conflicto en agosto de 1942, con la declaración de guerra a la Alemania nazi y a la Italia fascista después de la muerte de 607 personas en continuos ataques de las potencias del Eje a navíos brasileños situados en un área del Atlántico que va de la costa este norteamericana al Cabo da Buena Esperanza, en el extremo sur de África. El entonces presidente brasileño, Getúlio Vargas, vivía su primera era en el poder (1930-1945) y había declarado neutralidad en el conflicto en 1939, después de llegar a flirtear con el fascismo. Brasil solo declararía la guerra contra Japón en junio de 1945. La urgencia por una respuesta a las agresiones teuto-italianas junto a los países Aliados bloque liderado por Estados Unidos y el Imperio Británico, además de la antigua Unión Soviética dejaría atrás, al menos momentáneamente, el reconocido carácter pacifista y conciliador de Brasil.




El propio símbolo adoptado por la FEB, un escudo con el dibujo centralizado de una cobra fumando una pipa, surgió como una provocación a los que decían que era más fácil que una cobra fumase a que el país entrase en guerra. “Nadie sabía lo que era un combate, de los generales a los soldados más rasos. Aprendimos a guerrear en las dificultades”, cuenta Do Valle. Entre los obstáculos estaban, además de la amenaza constante de las tropas enemigas, el invierno más riguroso en casi 50 años, con media de 20 grados negativos en los Apeninos italianos en 1944. “Sufríamos bastante con las bajas temperaturas. La nieve llegaba hasta la rodilla. Recibimos una capa de gabardina grande, horrible, de 12 kilos y que con la lluvia era muy pesada para cargarla. Cuando el mando norteamericano vio aquello, mandó retirar al instante las gabardinas”, añade el exsoldado de la FEB, sonriendo. A pesar del clima hostil, descarta que alguien del lado brasileño haya muerto por el frío. Otro problema de la preparación del país fue la producción de uniformes parecidos con los del Ejército alemán. “Llegaron a tirarnos piedras en Nápoles pensando que éramos los invasores.” 


El primer contingente de los pracinhas desembarcó en Italia el 16 de julio de 1944, después de partir del cálido Río de Janeiro 14 días antes en un navío una misión de oficiales ya había ido a Itália a finales del año anterior. Los miembros del contingente se integraron al 5º Exército de los EE UU y fueron recibidos en Nápoles con una banda marcial norteamericana que se esforzaba para tocar músicas brasileñas y proporcionar un clima festivo en mitad de los dolores de la guerra. El esfuerzo era recíproco, sobre todo en el momento de entender las órdenes dadas en inglés. Un choque cultural, sin embargo, fue inevitable: la integración racial completa del lado brasileño. “Nos quedamos junto al Ejército negro norteamericano, un batallón especial creado por la segregación. Cuando jugábamos al fútbol y levantábamos [en el momento del gol] a un soldado amigo nuestro apodado Chocolate, la gente de allí no creía en nuestra integración”, completa Do Valle, que sirvió en el Batallón de Salud donde, entre algunas de sus funciones, ayudaba a llevar a los heridos a la enfermería después de los primeros socorros en medio del bombardeo, y quedarse con ellos hasta su recuperación de la última víctima.

Victoria de los "libertadores" 

La mayor victoria de los pracinhas en la Segunda Guerra Mundial fue en Monte Castelo, llamado “monte maldito", en una incursión que duró tres meses, hasta su victoria en febrero de 1945. Para avanzar y llegar hasta Bolonia, los Aliados necesitaban vencer la llamada Línea Gótica, una barrera de las tropas alemanas. Los brasileños tuvieron que recorrer una ruta expuesta al fuego de los enemigos. Las siguientes intentonas supusieron un gran número de bajas para el país, que acumuló cerca de 450 soldados muertos durante la guerra. Otro acontecimiento importante de la participación brasileña en el conflicto fue la rendición de la división 148 de las fuerzas alemanas, que se saldó con 14.799 prisioneros, además de la aprehensión de 4.000 caballos, 80 cañones de diversos calibres y 1.500 vehículos.


Militares brasileños

El hecho ocurrió en el fin de abril de 1945, tres días antes de la FEB participar de la liberación de Turín y meses tras los brasileños aprovechen la inminente derrota de los países del Eixo para ganar un mayor protagonismo como una fuerza militar de ocupación, colocado a la prueba en regiones como Montese, Castelnuovo, Zocca, Monalto y Barga. En la Itália, el episodio envolviendo las pedradas recibidas en Nápoles no pasó incluso de un cuento sencillo. Lo que quedó incluso fue la empatía entre las fuerzas brasileñas y los poblados por donde estas pasaron, resultado de un objetivo común de supervivencia y que acabaría simbolizada en monumentos levantados en el país europeo en homenaje a la FEB. Los relatos de socorro médico a la población e incentivado a las tropas no fueron pocos entre los brasileños que fueron a la guerra.“Lo que nos impresionó fue una Itália completamente arrasada. Desde el comienzo nos pedían cosas para comer y prácticamente todo lo que teníamos en las marmitas que recibíamos dábamos para ellos, principalmente a las niñas. Los italianos nos consideraban libertadores”, dice el presidente de la asociación de ex-combatientes brasileños en São Paulo, João Ferreira de Albuquerque.  


“Volví después dos veces a la Itália, visitando regiones donde luchamos en la Toscana. Encontrábamos personas que eran niñas en aquella época. Por donde pasábamos viña inmediatamente la noticia y ellos traían sus hijos. Siempre fue muy emocionante”, añade el teniente reformado, de 94 años, y que sirvió en la Segunda Guerra como según sargento. Así como Albuquerque, Julio del Valle, que nunca consiguió realizar el soñado de volver al territorio que ayudaría a liberar del fascismo, reclama mayor divulgación de la importancia de los combatientes brasileños en la Segunda Guerra. Y guardia una fuerte imagen de despedida, después de ayudar un señor que no paraba de gemir de dolor a causa de una grave infección. “Entramos en la casa de un italiano para confraternizar y un señor no paraba de gemir en el cuarto. El problema era en el brazo. Él ya había intentado de todo, pero no adelantaba. Limpiamos la región con iodo y cuidamos de él. A pesar del dolor del tratamiento, él soportó. Cuando estábamos dejando la ciudad, él vino atrás, llorando copiosamente con el brazo apoyado en la tipoia. Esas eran cosas que los alemanes no hacían”, dice, nuevamente con los ojos marejados.

Fuente: http://poderiomilitar-jesus.blogspot.mx/

sábado, 19 de abril de 2014

"La UE es el Cuarto Reich, el sueño de Hitler"


Un nuevo libro titulado 'La Unión Europea: la verdad sobre el Cuarto Reich. Cómo ganó Hitler la Segunda Guerra Mundial' dice que una moneda única, un mercado común e incluso el nombre Estados Unidos de Europa son conceptos que idearon los nazis.

En la tienda digital Amazon Kindle se ha puesto a la venta un polémico libro titulado 'La Unión Europea: la verdad sobre el Cuarto Reich. Cómo ganó Hitler la Segunda Guerra Mundial'. Los autores, Daniel J. Beddowes y Falvio Cipollini., presentan en la obra sus innovadoras opiniones sobre los orígenes de la UE y su función. 

Los escritores se preguntan "¿Qué es la UE, a quién beneficia realmente? La respuesta es, sin duda alguna, a Alemania".

Analizando el resultado de la Segunda Guerra Mundial, aseguran que "aunque creemos que la ganamos, en realidad perdimos". "Consideramos que es obvio que actualmente vivimos en el Cuarto Reich."

Los autores llegan a afirmar que "los que apoyan la idea de la UE apoyan la política de los nazis". 

En el capítulo titulado 'La UE fue creada por los nazis', afirman que Walther Funk, presidente del Reichsbank y ministro de Economía del Reich, predijo la aparición de una unión económica europea. Hay que destacar que Funk fue uno de los principales consejeros de Hitler. 

Según el libro, "los nazis querían eliminar la confusión que suponía una Europa compuesta de pequeñas naciones y su plan era muy simple, el sueño de Hitler era la UE". 

Beddowes y Cipollini subrayan que "los aliados adoptaron la principal idea de Hitler", que incluía planes económicos para la creación de una unión basada en la federación. 

Destacan que el primer ministro conservador británico, Edward Heath, en 1973 recibió 35.000 libras cuando el Reino Unido entró en la Comunidad Económica Europea y el ministro de propaganda de la Alemania nacionalsocialista, Joseph Goebbels, estaba orgulloso de que la cadena BBC apoyara la idea de la UE. 

"No podemos encontrar ninguna diferencia entre el proyecto de Hitler de unos Estados Unidos de Europa con Alemania al timón y la Unión Europea actual", manifiestan los autores. 

Fuente: actualidad.rt.com



Fuente: actualidad.rt.co,

martes, 8 de abril de 2014

Solo la cooperación internacional haría posible un vuelo a Marte.



Ningún país es capaz de enviar una misión a Marte pero la humanidad, en conjunto, dispone de tecnologías que permitirían realizar una expedición al planeta rojo, opina el profesor del Instituto Astronómico de la Universidad Lomonósov de Moscú, ViacheslavTurishev.

“Este tipo de objetivos no puede conseguirse unilateralmente por ningún país pero si logramos motivar a nuestras agencias espaciales y a los gobiernos de diferentes países a fin de crear un único programa internacional para preparar una misión a Marte, creo que los plazos del vuelo se podrían adelantar”, declaró durante su visita a México dedicada al Día de la Cosmonáutica. 

Según los cálculos de Turishev, la misión a Marte podría partir dentro de 20 a 25 años, después de haber efectuado vuelos de prueba, no tripulados, y resolver los problemas relacionados la gravitación artificial, la organización de un servicio médico fuera de la Tierra y la adaptación psicológica a un vuelo prolongado, pero de menos de dos años, como estima.

Sin embargo,Turishev no se limita a Marte. Para el científico, los vuelos al espacio en general seguirán la misma evolución que los automóviles,transformándose de un lujo a un pasatiempo asequible. Y 2015 marcará el inicio de esa tendencia.

Otro proyecto, más realísta, podría consistir en la inauguración de una estación en la Luna. Turishev está convencido de que técnicamente es ya casi posible y lo único que falta es financiación. Porlotanto, esimportantedefinirlasprioridades.

“Si los primeros vuelos a la Luna estaban en gran parte motivados por las prioridades políticas de la URSS y EEUU, hoy en día la discusión de estas cuestiones debería centrarse en el uso práctico de los recursos de la Luna y en las investigaciones científicas”, opinó.

Agregó que la cooperación espacial entre Moscú y Washington, sensiblemente mermada por los acontecimientos en Ucrania, está pendiente de las medidas que tomarán las autoridades de ambos países. Por el momento, parece que los contactos se limitarán a la colaboración en la Estación Espacial Internacional (ISS) -que funcionará hasta 2020- pero esta situación podría impulsar a Rusia a restablecer su industria espacial demostrando que es capaz de desarrollar independientemente sus propios proyectos, indicó.

Mientras, el astronauta ruso AlexandrMisurkin, que formó parte de la tripulación de la ISS y volvió a la Tierra en septiembre pasado, recalcó que las sanciones de EEUU podrían detener la conquista del espacio.

“Estoy convencido de que si queremos conseguir algo en el espacio debemos cooperar, no hay otra”, señaló. 

A su juicio, la investigación espacial no se ha detener en las órbitas terrestres. 

“Para mí, sería mucho más interesante adentrarme en el espacio, investigar los asteroides, la Luna, Marte. Paramí, seríaunaevoluciónlógica”, dijo.

A la vez, el embajador de Rusia en México, EduardMalayán, indicó que la colaboración espacial debe abarcar a varios países y recordó que cohetes rusos ya colocaron en órbita satélites desarrollados por estudiantes mexicanos.

Fuente: http://sp.ria.ru/

sábado, 5 de abril de 2014

Los 10 posibles finales alternativos que pudo tener la Segunda Guerra Mundial.


Las decisiones en tiempos de guerra son asuntos de gran relevancia. Cada maniobra tiene el potencial de cambiar el curso de la historia. George Dvorsky, un bloguero canadiense, futurólogo y transhumanista, ha sugerido diez alternativas impactantes al desenlace de la Segunda Guerra Mundial. 








1. Alemania invade el Reino Unido en lugar de la URSS



La invasión por Hitler de la Unión Soviética en 1941 resultó ser su perdición, pero los acontecimientos se podrían haber desarrollado de manera diferente. Tras la caída de Francia un año antes, Hitler estaba considerando invadir Gran Bretaña. De hecho, incluso ordenó a sus jefes militares elaborar un plan de invasión, la Operación León Marino. Los preparativos comenzaron tan en serio que tanto los británicos como los estadounidenses estaban convencidos de que la invasión era inminente. Es más, estando en vigencia el Pacto Molotov-Ribbentrop (un tratado de no agresión entre Alemania y la URSS), Hitler no tenía que preocuparse sobre una posible incursión soviética. Pero el líder nazi rechazó los planes de invasión de Gran Bretaña. En primer lugar, era obvio que haría falta más tiempo y preparativos. 

La Armada británica controlaba el Canal de la Mancha, además la Batalla de Inglaterra reveló que la Luftwaffe no podía dominar los cielos de la forma que se consideraba necesaria para apoyar aquel ataque. Pero si Hitler hubiera aplazado su invasión de la URSS hasta 1942 o 1943, después del necesario periodo de preparación acompañado por redadas aéreas y por un bloqueo marítimo, podría haberse llevado a cabo un desembarco en las costas británicas en 1941 o 1942. Considerando el tiempo que tardaron los aliados en abrir el segundo frente (a mediados de 1944) esta opción no parece ridícula. Tras la derrota del Reino Unido, Alemania podría haber comenzado sus preparativos para la invasión de la URSS. De haber sido exitosa la Operación León Marino, el Gobierno y la monarquía británica se habrían trasladado a Canadá. Desde allí los aliados habrían planeado una invasión de África seguida probablemente por incursiones en Italia y los Balcanes. Pero eso no habría sido fácil, en particular si la subsiguiente invasión de la URSS por Alemania hubiera tenido éxito. 

2. Japón se abstiene de atacar Pearl Harbor


La decisión fatal de Japón de enfrentarse a EE.UU. se debía a su necesidad de apoderarse del petróleo y las reservas de goma de las Indias Orientales Neerlandesas y el sureste de Asia. Si no hubiera atacado a Hawái, su política expansionista probablemente habría llevado a que EE.UU. interviniera finalmente de todos modos, por ejemplo, después de la invasión de las Filipinas. Pero, ¿y si a EE.UU. nunca se le hubieran dado motivos para meterse formalmente en la guerra? 

En tal caso, Gran Bretaña y sus aliados coloniales se habrían quedado sin ayuda militar. El apoyo estadounidense al Reino Unido y la URSS habría consistido exclusivamente en ayuda material. No habría surgido ningún frente occidental. La Unión Soviética probablemente habría derrotado a Alemania finalmente, pero habría tardado considerablemente más tiempo. Y en semejantes condiciones, Stalin probablemente habría reclamado toda Europa. 

3. Alemania toma Moscú en 1941

Los historiadores llevan mucho debatiendo sobre si la Operación Barbarroja podría haber tenido éxito. Se cometieron varios errores durante la operación, incluido su retraso de 38 días y la catastrófica decisión de Hitler de desviar el impulso principal hacia el sur para ayudar al Grupo de Ejércitos Sur a conquistar Ucrania. Cuando el Grupo de Ejércitos Centro llegó a las afueras de Moscú a principios de diciembre de 1941, el severo frío invernal frustró para siempre los planes de Hitler de tomar la capital del país. 

Este es uno de los eventos más importantes de la Segunda Guerra Mundial, si no el más significativo. Las cosas habrían sido muy diferentes si la Unión Soviética hubiera caído. Alimentada con los vastos recursos de Rusia (incluidas las regiones petroleras del sur y los graneros de Ucrania), la Alemania nazi se habría convertido en una superpotencia, finalmente derrotando al Reino Unido y reclamando todo Oriente Medio (probablemente uniendo fuerzas con Japón). Con el tiempo habría desarrollado una capacidad nuclear, entrando en una guerra fría con EE.UU. 

4. Rusia y Alemania pactan una paz por separado


Imagínense un escenario en el que Hitler y Stalin habrían llegado a un acuerdo para cesar las hostilidades en el frente oriental. Con el Pacto Molotov-Ribbentrop restaurado, Alemania podría centrar sus esfuerzos en derrotar a Gran Bretaña. Este escenario resulta poco realista por dos razones como mínimo. En primer lugar, Alemania necesitaba desesperadamente las reservas de petróleo de Rusia para mantener la guerra. En segundo lugar, Stalin no le permitiría a Alemania seguir pisoteando libremente a Europa: el Tercer Reich era una grave amenaza existencial para la URSS. Aun así, la posibilidad de que tal pacto se hubiera firmado resulta bastante aterradora. 

5. Los nazis crean armas nucleares antes que los aliados

Dada la pasión de Hitler por las armas innovadoras, no cabe duda de que habría usado la bomba atómica si la hubiera conseguido. No debe olvidarse que se trata del mismo régimen que diseñó (y usó) el precursor del misil balístico intercontinental. No hace falta mencionar que esto habría sido el final para los aliados. Si Alemania hubiera sido la primera en conseguir armas nucleares esto habría supuesto su victoria casi automática en todos los frentes. 

6. Sin frente occidental 


Si Winston Churchill hubiera dominado la toma de decisiones, no se habría abierto el frente occidental. Inquietado por el recuerdo del estático frente occidental de la Primera Guerra Mundial, el primer ministro británico se oponía al desembarco en Francia, proponiendo a cambio atacar al Eje en sus zonas vulnerables: Italia y los Balcanes. Pero al entrar EE.UU. en la guerra, Churchill y los militares británicos tuvieron que ceder ante los planificadores estadounidenses. De ahí surge la decisión de llevar a cabo el desembarco en Normandía en junio de 1944. 

Si Churchill se hubiera salido con la suya, lo más probable es que se hubiera producido una excepcionalmente fuerte invasión aliada por la zona de Italia y los Balcanes. Como alternativa o de manera complementaria, se habría realizado una incursión a través de Noruega, (algo por lo que Hitler insistió en que se mantuvieran más de 400.000 efectivos allí a lo largo de la guerra). La imagen de la guerra habría sido muy diferente, porque las fuerzas aliadas se habrían concentrado en el este y en el sur. Es difícil adivinar lo que habría pasado luego. Es posible que el resultado final, la derrota de Alemania, no hubiera cambiado. Sin embargo este escenario podría haber modificado el destino de Francia. 

7. El éxito de la trama contra Hitler en julio de 1944 


El 20 de julio de 1944 el complot para asesinar a Adolf Hitler terminó de forma desastrosa. No sólo fracasó en su objetivo principal, sino que también llevó a la captura de 7.000 personas, de las cuales 4.980 fueron ejecutadas. Y todavía hubo una consecuencia peor: se tradujo en la radicalización del partido nazi. La llamada Operación Valkiria fue un complot organizado por oficiales de la Wehrmacht que querían acabar con Hitler, firmar una paz por separado con los aliados y continuar la guerra contra la URSS. Es muy poco probable, sin embargo, que los aliados occidentales hubieran aceptado este planteamiento, considerando el discurso de Roosevelt sobre la rendición y el hecho de que ya se habían puesto de acuerdo para evitar la firma de un acuerdo de paz por separado en todo caso. 

Ha habido mucho debate sobre qué habría pasado si hubieran logrado asesinar a Hitler en esa etapa de la guerra. Es poco probable que su muerte hubiera conllevado el colapso del partido nazi. De hecho, a pesar del lamentable curso de la guerra, el culto a la personalidad en torno a Hitler se mantuvo fuerte. De haber sido exitoso el complot, es muy probable que Hermann Göring o el fanático Heinrich Himmler hubieran asumido el papel clave del liderazgo. Cualquiera de ellos habría capturado y ejecutado a los conspiradores. Los nazis habrían continuado la guerra, pero habría habido una mayor probabilidad de una rendición más temprana. Alemania potencialmente podría haber evitado el cataclismo que iba a acontecer en los siguientes meses. Otro posible escenario es que la muerte de Hitler incentivara un movimiento de resistencia interna más fuerte, algo que podría desembocar en una guerra civil. Pero debido al generalizado patriotismo y sentido del deber alemán, este escenario se considera menos probable. 

8. El Ejército Rojo avanza hacia el oeste tras tomar Berlín




Tras la batalla de Stalingrado, la Unión Soviética experimentó la transición de su estatus de gran potencia a algo parecido a una superpotencia. Desde principios de 1943, el Ejército Rojo ya estaba expulsando a las fuerzas de la Wehrmacht hacia Alemania. A medida que avanzaba, absorbió territorios que más tarde formarían parte del Bloque del Este. Según el historiador Anthony Beevor, durante algún tiempo Stalin consideró seriamente tomar a toda Europa bajo su control. 

Y parece que lo habría podido hacer. Tras la caída de Berlín, el Ejército Rojo tenía 12 millones de soldados en 300 divisiones. Por su parte, los aliados contaban con 4 millones en 85 divisiones. Para el Día de la Victoria en Europa (9 de mayo de 1945), a EE.UU. le quedaban todavía varios meses hasta la construcción de la bomba nuclear, tiempo suficiente para que los soviéticos expulsaran a todos los aliados. Qué hubiera ocurrido a partir de ahí, es una incógnita. 

9. Churchill desata una tercera guerra mundial 


Igual que Stalin, el primer ministro británico preveía hostilidades después de la guerra, por lo que ordenó la elaboración de la Operación Impensable, un plan para atacar a la URSS inmediatamente después de la caída de la Alemania nazi. Pero las 'cabezas frías' prevalecieron. El Ejército Rojo se detuvo en Berlín, y EE.UU. no quiso luchar contra la URSS. 

10. Los aliados invaden 


Japón en lugar de lanzar las bombas nucleares EE.UU. justificó el uso de armas nucleares contra Japón con la perspectiva de evitar la pérdida de millones de soldados en caso de invasión. Si el presidente Truman se hubiera negado a lanzar las bombas, se habría efectuado la Operación Downfall, que habría sido la mayor operación de desembarco en la historia de la humanidad. La operación habría necesitado un total de 30 divisiones. Los japoneses se estaban preparando para la defensa total y a cualquier precio de la isla sureña de Kyushu. Si la operación hubiera tenido lugar, se habría producido un baño de sangre.